Jefes y más jefes

 Puedo decir que me gustan los jefes, no sé por qué,  tal vez simple manía de ser mandada, dominada y obediente. O por el diseño del sistema laboral moderno. Quiero contarles de ellos por razones obvias, no doy sus nombres, pero si sus caracteristicas.

Las primeras fueron inusuales, adopté un trabajo para enseñar ortografía en una escuelita en Villa Flor, una labor sencilla para mi. Miis dos jefas, eran dueñas del colegio pagaban poco, solamente para comprar  chicles, no importaba, pues estaba en quinto año de mi estudio universitario, asi que no perdía nada, solo ganaba experiencia. Les gustó mi docencia, debido a que, puse en disciplina a una sección donde había un chico satánico que  maleaba a toda los alumnos, bebía sangre de gallo ofrecido en un viernes trece, lo expresaba en sus composiciones como una gran hazaña. Mientras alzaba vuelo en el dominio de la disciplina, me llamaron de otro colegio prestigioso y  simplemente me fui, puse mi renuncia, se desmayaron, lloraron, clamaron,  pidieron que me quedara,  pero solo dije ¡NO!. Pues no convenía, corrían a su personal en noviembre para no pagarles aguinaldo.

Mi segundo jefe era ajeno siempre, pues se dedicaba a corretear a jovencitas y a docentes voluminosas, quienes me daban seguimiento oportuno eran tres exigentes y hermosas mujeres muy apropiadas, sabiondas de todo lo que conllevaba el sistema educativo.

Al jefe lo corrieron por cuestiones de fustanes y llegó la nueva jefa peculiar y con gran carácter. A pesar de su tamaño, hizo un revuelo en el colegio, lo consagró,  poco a poco lo  alineó, mis tres jefas menores se irían  una a una. Al año la jefa revolucionaria, me puso en uno de sus puestos, ¿qué iba hacer yo? obedecerla. Fue todo un entrenamiento de exigencia laboral y aprendizaje de relaciones sociales. Un día, me dijo:  ¡ya el colegio no te contiene!, no es ajustable para tus hablidades debes de migrar a niveles más altos, ¡palabra profética!,  pues me dieron un espacio en una universidad de garaje, encontré en ella,  un jefe formidable todo un empresario, simplemente patrocinaba  todas mis ideas con los estudiantes, llene su biblioteca con ferias de libros.

Me invitaron a un nuevo espacio universitario donde mi nueva jefa muy distinguida y humana, no se metía con ningun trabajador. Yo,  callada me limité a atender los 4 grupos de clases asignados. No hacia y decia nada, pues su secretaria abogaba por mi, ante las calumnias inventadas por las docentes antiguas, al ver mis diseños, novedades e ideas locas. No lo superarían nunca.

Esa jefa fue promovida a otros cargos y llegó mi jefe defensor, no sé cuántas veces me defendió de las almas envejecidas,  fue un jefe protector, solidario, único  nunca lo olvidaré, ¡lo extraño!.

Mi última jefa exigente, no le tengo miedo por  cada uno de sus mandatos gritados, sinceramente me fascina sus inventos para llenarme de trabajo, aunque sea menor en edad, la respeto y quiero que sobresalga antes sus homólogos, simplemente  la aprecio (tal vez ya estoy curtida).

Bueno he omitido a otras dos, puesto que la narración se amplió mucho, para ellas ¡gracias! aprendí a ser exigente con mi  enseñanza, conocimientos. A ellas dos, a todos,  mis agradecimientos, por aportar a mi formación, a mi ser, a mi transformación, les mando muchos abrazos y besos donde  quieran que estén.😘😘😘😘😘

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