Memorias de una niñez tumultosa
Mi niñez se vio hondamente marcada por eventos trágicos y tétricos, tal vez de ahí algunos temores que perdudaron en la adolescencia.
No sé, si usaré la cronología para describirlos, tampoco un orden desde su importancia, solo quiero contarlos, desde la afirmación que la escritura es terapeútica.
Una experiencia tan corta, pero tan memorable fue la esquina de don Ramón y doña Lucila, sus dos chilamates que le daban un colorido a la casa, los adornaban con luces y con motivos chinos rojos con borlitas, no se si era diciembre. Bajo esas luces se ponia su cuidador un señor gastado por el tiempo se sentaba a contar cuentos de caminos a todos los niños de la cuadra, como la chancha bruja, el cadejo, la mano peluda, la Cegua, ¡que horror!, miedo, trauma, sentí que mi cerebro de 6 años se fracturaba, quedó con una fisura que dudaria hasta los 20 años por esas historías frias de miedo contadas por tradicción y enseñadas a las nuevas generaciones, historias de terror producidas por los caminos sin luna...
El segundo episodio fue la figura de un hermano fraterno, que me amaba sin limites, no sé si era su hermana favorita, pero como un principe moro, me invita a pasear en su moto ruidosa, me hacia reir y lo más importante me miraba. Era feliz solo con él, lo respetaba como un padre.
Un día me escondí entre las sábanas para que no me viese, pues no habia asistido a la escuela y para mi dolor, vi su reflejo entre la puerta su camisa crema o amarilla su pelo encolochado y su reloj en su brazo fornido y nunca más lo volvería ver. Pues ese día murió trágicamente en un accidente, su cabeza golpeó con una piedra, el causante el jefe de la guardia de Sébaco, siempre he creido que no fue accidente, pero apenas tenía 7 años de edad, que sabia yo de los detalles.
La casa se disparó, salieron mil personas de un hormiguero y limpiaron la casa para el funeral, vacia por dentro divagaba entre la multitud con un dolor tan enorme, tan enorme que aun no podría llenarlo, sus ojos azules me miran de forma tenué, mi vida desde ese dia fue un gris constante. Nadie de mi familia fue igual, para remate, vino la guerra con sus victimas, con su hedor y su falta de esperanza. Mi vida entre charneles, disparos y huídas evadiendo la muerte.
Y por último, un recuerdo inolvidable el sepelio de un guerrillero, era la guerra de jóvenes asesinados sin fin, cansados de la vida, el cementerio engordado por tanto cadáveres, fosas comunes que abrian los sepulteros porque el tiempo también moría y los bombarderos se sumaban al escenario oscuro. No sé porque pasó, un dia no sé cual, quizás el cumpleaños de la parca, a un teniente de la guerrilla, decidieron pasearlo en una pala mecánica, lo llevaban de aqui para allá, tapado por una cobija ensangretada solo se podría ver su mano llenas de venas, el ruido era insorpotable, el olor ni se diga, era como una carretanagua, que nos decia que habia llegado para reclamar sus cadáveres, nuestros jóvenes, dirigidos por un conflicto y espanto. Eran las 4 de la tarde, lo recuerdo bien.
Mis memorias quedarán en mi parte frontal o amígdala. Viviré con eso, episodios que serián contados un día como hoy...¡ suficiente!.
Agradezco sus comentarios de mis escritos serán bien recibidos.😅😅😇😇
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